Hacer todo lo posible todo el tiempo

¿Alguna vez has terminado el día con esa sensación agridulce de no haber hecho «suficiente»? La lista de tareas pendientes te mira con reproche y esa voz interna, la de la autoexigencia, empieza a susurrar que podrías haber dado más.

Te invito a hacer una pausa. Y a hacerte una pregunta radicalmente diferente: ¿Y si hoy tu 100%, tu máximo, tenía un aspecto completamente distinto al de ayer?

Como experta en coaching somático, fatiga y gestión de estrés, podría preguntarte si «hacer todo lo posible todo el tiempo» es una meta realista. Desde mi perspectiva humana, es un ritmo interno, una danza constante que cambia con mi energía, mis emociones y las circunstancias de la vida. Sin embargo, la mente autoexigente nos suele querer convencer de lo contrario: que nuestro máximo rendimiento debe ser constante, como el de una máquina. Siempre al pie del cañón, dando nuestra «mejor versión» (suspiro). Pero no somos robots. Somos organismos vivos, y como tales, tenemos ciclos, altibajos y necesidades que varían.

Los dos rostros de tu «máximo rendimiento»

Para entenderlo, solo tienes que observarte:

  • Hay días en los que tu «todo lo posible» es avanzar, crear y conquistar. Te sientes con fuerza, la mente está clara y el cuerpo responde.
  • Y hay días en los que tu «todo lo posible» es, simplemente, descansar, soltar y reponer. La energía es baja, la concentración se dispersa y lo único que pide tu cuerpo es parar.

Forzarte a operar siempre en el modo «alto rendimiento», ignorando las señales de cansancio, tensión o agotamiento, es como pisar el acelerador de un coche con el freno de mano puesto. A la larga, el desgaste es inevitable. Este patrón es especialmente relevante para personas que lidian con sensaciones de agotamiento profundo, tensión persistente o una fatiga que no se va con el descanso.

Claves somáticas para bailar con tu energía

La solución no es esforzarte más, sino escuchar de forma más inteligente. Desde la gestión somática se trata de conectar con la sabiduría de tu cuerpo. Aquí tienes dos claves para empezar:

  1. Escucha los mensajes de tu cuerpo. Antes de juzgarte por no «rendir lo suficiente», haz una pausa consciente. Lleva tu atención a las sensaciones físicas. ¿Sientes opresión en el pecho? ¿Hombros tensos llevando el peso del día? ¿Un nudo en el estómago? Esas no son señales de debilidad, son mensajes claros de que tu sistema necesita compasión, no más presión.
  2. Redefine la autoexigencia desde la compasión. La verdadera fuerza no está en forzarte sin parar, sino en tener la inteligencia emocional de saber cuándo actuar y cuándo permitirte ser. La autoexigencia saludable te incluye a ti en la ecuación de tu propio bienestar.

El descanso como pilar del rendimiento sostenible

En nuestra cultura, el descanso suele verse como un premio o un lujo. Pero desde la mirada somática, el descanso es un requisito fundamental para poder funcionar bien. Es el cimiento desde el que surge toda acción sostenible y creativa. Permitirte un descanso de calidad no es rendirse, es repostar combustible para el viaje. Es darle a tu sistema nervioso el permiso para que se restaure y vuelva a su estado de equilibrio, de homeostasis.

Te sugiero una práctica hoy: La próxima vez que sientas la presión de la autoexigencia, cambia la pregunta. En lugar de «¿he hecho todo lo que podía?», pregúntate: «¿he escuchado lo que mi cuerpo y mi mente necesitaban hoy para sentirse en equilibrio?».

Este simple cambio de perspectiva puede liberarte de una carga enorme y abrirte a una forma de vivir más amable y, en el fondo, mucho más productiva.

¿Te sientes identificado con este patrón de agotamiento y autoexigencia?

Si estás listo para traducir estas ideas en una experiencia corporal real y aprender herramientas prácticas para regular tu energía y calmar tu sistema nervioso, tengo recursos para apoyarte.

Si la idea de escuchar tu cuerpo resuena contigo pero no sabes por dónde empezar, mi programa de yoga suave para cansados está específicamente diseñado para esto. Es un espacio donde aprenderás a conectar contigo mismo a través del movimiento consciente, sin exigencia, permitiendo que tu sistema nervioso encuentre su propio ritmo de calma y recuperación.

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Si te gustaría reestructurar esa voz autoexigente, que sepas que requiere más que fuerza de voluntad; necesita un enfoque práctico y personalizado. En mis sesiones de coaching somático individualizado, trabajamos juntos para identificar esos patrones de autoexigencia en tu cuerpo y desarrollar herramientas concretas que te permitan transformarlos desde la raíz, cultivando una relación más compasiva y efectiva contigo mismo.

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